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Cooperativa de Viviendas de Ayuda Mutua Un Sueño Entre Todos

"No hay cooperativas de ayuda mutua sin ayuda mutua".

Podríamos hablar y mucho sobre el valor social de la ayuda mutua. Pero creemos que hoy la cuestión no está ahí. Por eso, y sin dejar de lado la importancia que reviste ese valor social, nos vamos a concentrar en otro valor fundamental de la ayuda mutua: el valor económico.

El art. 136 de la Ley Nacional de Vivienda dice que "las cooperativas de vivienda podrán utilizar el trabajo de sus socios en la construcción de las viviendas, bajo sus dos modalidades: de autoconstrucción y ayuda mutua. (...) La ayuda mutua es el trabajo comunitario, aportado por los socios cooperadores para la construcción de los conjuntos colectivos y bajo la dirección técnica de la cooperativa". El trabajo realizado por los socios tiene por consiguiente un valor económico y ese valor se incluye en el presupuesto que sirve de base a la concesión del préstamo.

Es más: el Banco Hipotecario, en las órdenes de servicio que implementaron el funcionamiento del sistema cooperativo, estableció que ese valor debe ser como máximo de un quince por ciento del valor de tasación (o sea del costo total de las obras, incluyendo terreno y obras de infraestructura). Este tope máximo se debe a que se considera que no es posible para los grupos realizar un trabajo de ayuda mutua que supere ese valor.

No hay, en cambio, un tope inferior escrito pero en los hechos sí lo hay, y también es del 15%, ya que el dinero a prestar se calcula partiendo de la base que es el 85% del Valor de Tasación. Para decirlo cortito: si la obra cuesta cien, el Estado presta 85 y los otros 15 los tiene que poner la cooperativa a través de la ayuda mutua. Si no los pone, el programa se desfinancia y las viviendas no se pueden terminar.

Tanta importancia tiene esto que el Decreto reglamentario de la Ley de Vivienda (el famoso 633/69) establecía que ya en la solicitud de personería debía adjuntarse (art. 5º, numeral 1.d) el "plan de financiación previsto (para las obras), especificando si habrá aporte a la cooperativa en trabajo por esfuerzo propio o ayuda mutua y en qué proporción". Y el art. 32 del mismo decreto establece, hablando de las partes sociales que "la integración en trabajo será avaluada teniendo en cuenta la labor desarrollada como si fuera efectuada por un obrero competente según la categoría que corresponda en cada caso". Y más adelante: "(...) la avaluación referida comprenderá el valor económico de la mano de obra sustituida y las cargas sociales que fueran de cargo del empresario. Los organismos financiadores considerarán en los planes de financiación de las obras, las prestaciones en trabajo como aporte de la cooperativa".

Todas estas aburridas transcripciones sirven para probar sin ninguna duda lo que decíamos más arriba: la Ley, el Decreto, las reglamentaciones, atribuyen un valor económico a la Ayuda Mutua, valor que forma parte del presupuesto de las obras de la cooperativa. Entonces, qué pasa si las horas no se hacen, o si se hacen por cumplir, pero sin importar mucho si sirven para algo o no? Pasa lo mismo que pasaría si parte del dinero que recibe la Cooperativa como préstamo, en vez de invertirlo en la obra, lo jugara a la quiniela: las cuentas no cerrarían; las viviendas no podrían terminar de construirse.

Entonces, cuando una Cooperativa decide "perdonar" las deudas de horas, o cuando se cuentan como hechas horas que no se trabajan realmente (por ejemplo, las famosas horas de los días de lluvia) lo que está haciendo es jugarse a la quiniela parte de los recursos que dispone para construir las viviendas. Supongamos, por ejemplo, una cooperativa que tiene una deuda promedio de horas de doscientas por socio (no exageramos: hay casos peores). Si esas horas no se recuperan (o al menos se pagan), contando su valor más el de las leyes sociales que deberían pagarse al tener que sustituir las horas de ayuda mutua por horas de contratados, habría un desfinanciamiento de unas 40 UR por vivienda, o sea, sobre un préstamo de 1600 UR por unidad, que corresponde a la franja IV, por ejemplo, un 2.5% del total. Y eso, ¿a qué equivale? Bueno, equivale al costo del terreno, o al de los cimientos, o al de los pisos, o al de las aberturas de aluminio, o ... O sea: una vivienda que se quedó sin cimientos, o sin pisos, o sin..., porque una familia no hizo las horas de ayuda mutua que le correspondían.

Pero hay otra forma de entreverar esta baraja: las horas se hacen pero no rinden. Las planillas están llenas de horas, todas las familias están al día, pero esas horas se dedicaron a pasear carretillas por la obra o a esperar jugando un partidito (como en el aviso de la tele) a que llegaran los ladrillos, o a acompañar al cooperativista que iba a hacer una gestión imprescindible pero que la podía hacer perfectamente sólo y sin hinchada que lo acompañara. El resultado es el mismo: si las horas se hacen, pero no corresponden al valor económico esperado, la plata falta. Porque el trabajo que quedó sin hacer lo tiene que hacer un contratado, o porque en vez de los dieciocho o veinticuatro meses que debería llevar la obra, se estira a treinta o treinta y seis. Y eso son costos fijos que se multiplican, y gente que se cansa y rinde cada vez menos.

¿Cómo hacer para que las horas de ayuda mutua rindan? En primer lugar, teniendo muy claro cada cooperativista qué es lo que está haciendo cuando hace ayuda mutua: ni más ni menos que la casa en la que va a vivir. Si eso estuviera claro, los cooperativistas rendirían más que los destajistas.

En segundo lugar, capacitando a los cooperativistas para que puedan desempeñar funciones más complejas y para que su tiempo en obra no se dilapide en acarrearle materiales "al que sabe". A nadie se le puede ocurrir que el objetivo sea que cada cooperativista aprenda a hacer una casa desde los cimientos hasta la impermeabilización del techo; pero dividiendo tareas, organizando, programando, se puede conseguir que cada uno aprenda a hacer cosas bien complejas, a condición de que no sean demasiadas.

En tercer lugar, pensando la obra, desde el proyecto, para que sea una obra de ayuda mutua. Lo cual significa que los aspectos técnicos (las tipologías, los materiales, y sobre todo el sistema constructivo) deben adaptarse al hecho de que esa obra va a ser construida por gente que en su mayoría no tiene conocimientos de construcción, que buena parte van a ser mujeres, otros adultos mayores, etc.

Pero además -y esto vale para cualquier obra, pero quizás más para una de ayuda mutua- que las horas de trabajo rindan se consigue planificando su desarrollo ajustadamente. Para evitar los paseos de carretillas y los partiditos mientras llegan los ladrillos. Porque cuando eso pasa en una obra construida por una empresa privada, algún empresario verá disminuir un poco su ganancia. Pero cuando pasa en una cooperativa de ayuda mutua, eso significa que habrán cosas que no podrán terminarse, o trabajadores que deberán prolongar su sacrificio por más tiempo del necesario. Y en último término significa también una falta de respeto hacia el socio que fue a poner ladrillos y se encontró paseando carretillas cuando, si era cuestión de pasear, le hubiera resultado más grato pasear al nene o la perrita.

Ahora bien: la responsabilidad que las obras de ayuda mutua se piensen como tales y se planifiquen ajustadamente es, sin duda, de los técnicos asesores. Pero la responsabilidad de que éstos cumplan con esa función es también de los cooperativistas y esa responsabilidad sólo podrá ser sentida si se siente cabalmente la importancia que la ayuda mutua tiene.

Por eso el rol de la Comisión de Trabajo en una cooperativa de ayuda mutua es fundamental, tan fundamental como el de la Comisión de Obras, o el de quienes se dedican a las compras. Ese rol no consiste solamente en contabilizar horas, como ya dijimos. También es imprescindible que se analice qué se está haciendo con esas horas. Y cuando alguna familia se atrasa, es fundamental encontrar las causas y buscar las soluciones, que muchas veces las hay. Y si no las hay porque directamente esa persona o esa familia no entendió dónde está y para qué, lamentablemente sólo queda el camino de decirle que busque la solución de otra manera. Porque soluciones de vivienda a través de cooperativas y por ayuda mutua, sin esfuerzo, no hay.

Esa labor de la Comisión de Trabajo debe ser sobre todo preventiva. Una familia que se atrasa doscientas horas en un año de obra es muy difícil que las recupere en el otro año que queda. Ni hablar si la deuda es mayor. Porque si tuvo problemas para hacer 18, 20 ó 21 horas semanales, cómo va a hacer veinticinco o treinta? En cambio si el problema se detecta a tiempo, si se conversa en el momento oportuno, las soluciones pueden ser mucho menos traumáticas.

Hay cooperativas que recurren al mecanismo del pago de las horas no trabajadas para solucionar este problema. Es posible que hasta a alguien se le haya pasado por la cabeza que esa puede ser una forma de recaudar. En cualquier caso, eso debe ser una solución extrema. En primer lugar porque si el socio es verdaderamente un cooperativista de ayuda mutua, tampoco tendrá de dónde pagar ese trabajo que no hizo. En segundo lugar, por el valor social que tiene la ayuda mutua, que no se construye con dinero sino estando en la obra todas las semanas, metiéndose en la zanja con los demás compañeros, integrando cuadrillas, ayudando en las hormigonadas, o cumpliendo cualquiera de las mil y una tareas que requiere la obra.

Por eso mismo tampoco es solución pagarle horas a otro para que trabaje por uno: al contrario, ese puede ser un camino extremadamente peligroso si conduce al trabajo "en negro", porque es explotar la necesidad de otra persona, actitud desclasada que pensamos que de ningún modo puede aceptarse.

Hoy es prácticamente indiscutible que en la actual situación de empleo y nivel de ingresos existente en el país, las cooperativas de ayuda mutua son la única vía posible de acceso a una vivienda decorosa para los trabajadores.

Por eso defenderlas es no solamente defender el derecho de quienes han elegido este sistema, sino defender la única alternativa popular hoy por hoy viable. Y está claro: no hay cooperativas de ayuda mutua sin ayuda mutua.

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